Manipulación y desarrollo mental. El cortador de cesped.

2 12 2008

El cortador de cesped es una película de 1992 dirigida por Brett Leonard en la que se tratan los conceptos de realidad virtual, singularidad tecnológica y Gaia digital.

Un científico, interpretado por Pierce Brosnan, empeñado en que los avances de la realidad velcortadordecespedirtual servirán de apoyo para el desarrollo de la inteligencia humana, dedica su tiempo y su esfuerzo en realizar experimentos con chimpancés a los que aplica neurotrópicos y somete a sesiones intensivas de realidad virtual.

Realmente la película no diferencia entre realidad virtual y realidad aumentada, pero utiliza los dos conceptos. La realidad aumentada es un desarrollo que, a través de la tecnología, permite modificar nuestra percepción del mundo real. Las gafas de Terminator, que van añadiendo información de lo que está viendo, son un ejemplo fácil de realidad aumentada en el cine, pero podemos ver ejemplos más reales en presentaciones, juegos, mecánica

A partir de aquí lo que leas puede destrozarte la trama de la película, así que…

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Desarrollo de robots militares

27 10 2008
  1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

  2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.

  3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con   la Primera o la Segunda Ley.

– Leyes de la robótica – Isaac Asimov

Nunca sabremos si Isaac Asimov hubiese mantenido estas normas robóticas más allá de la literatura para hacerlas cumplir a robots reales. En ese caso jamás aprobaría el desarrollo de robots militares, porque entonces el cyborg dejaría de ser un elemento a favor del ser humano para serlo solo de unos pocos.

Leo vía neoteo, y cada vez me asombra menos, el nuevo paso en el desarrollo de “terminators” por el gobierno estadounidense. Se busca conseguir un equipo de robots que busquen y detecten “humanos no cooperativos” en un entorno de interior. De eso al disparo creo que es cuestión de derechos humanos, y ya sabemos que interés tiene eso en los EEUU. Porque cuando se defienden las guerras desde posturas religiosas se degenera el presente en busca de un futuro que se me presenta, cuando menos, incierto. Es apostarlo todo, lo nuestro y lo del resto, no solo a la existencia de Dios sino a que ese Dios es el nuestro.

Los robots-militares podrían tratarse como un arma de siguiente generación, como si solo significasen un paso más en el desarrollo de las armas actuales. En ese caso la responsabilidad de todos los actos que cometiesen los robots podrían atribuirse a quien los programa. Pero si, como se pretende, se les dota de capacidad propia de decisión, ¿Alguien podrá asumir las decisiones que estos tomen? Todo parece apuntar a que efectivamente sí. La programación de robots ha sido una acción deliberada, libre y voluntaria. Y esta programación se genera a partir de unas premisas que serán más o menos acertadas pero que siempre partirán de un humano. Las consecuencias serán responsabilidad absoluta de los que han tomado esta decisión, por mucho que el final (la búsqueda o la ejecución de “humanos no cooperativos) se resuelva muchos meses después de haber encendido el dispositivo electrónico.

Si con ello consiguen méritos honrosos no dudarán en ponerse medallas. En caso contrario alegarán un absurdo, tal y como ahora se llenan la boca apelando al “fallo informático”.